Una fina línea entre éxito y fracaso

En muchas ocasiones pensamos que las circunstancias o que otras personas nos convierten en víctimas y nos impiden alcanzar nuestras metas. Y es esta actitud lo que nos impide desarrollarnos y crecer. Hay una línea muy fina que separa el éxito del fracaso; y por ende, separa las grandes compañías de las ordinarias. Debajo de la línea encontramos las excusas, la falta de honestidad, el buscar culpables, la confusión, la actitud de desamparo o desesperanza: a esto le llamaremos el “juego de ser víctimas”.

Citando a una mentora de un empleo anterior: “Cuando no me considero responsable, me permito caer en un rol de víctima. Esto debilita nuestro carácter personal y organizacional, y entre otras cosas, diluye a los líderes en el esforzarse por proveer remedios temporeros en lugar de implementar soluciones a largo plazo, buscar logros instantáneos versus progreso futuro, evaluar procesos sobre resultados y ocasiona el que no reaccionemos cuando es requerido. Las actitudes de víctima pueden erosionar la productividad, competitividad, la moral y la confianza al punto de que la corrección se hace difícil y tan costosa que la organización encuentre gran dificultad para recuperarse”.

Una cultura orientada al éxito, que carece de los sistemas que lo apoyen, un incremento en la  complejidad de los procesos y la creación de metas de ejecución irreales puede tener como resultado el que la violación al estándar se vuelve el estándar. No hablamos necesariamente de incurrir en prácticas no éticas, sino de cambios constantes a los procedimientos establecidos, hacer cambios frecuentes a las prácticas de trabajo, en fin, permitir una falta de congruencia en los métodos que seguimos, ello porque el punto de enfoque está en el lugar equivocado.

Es importante también traer a la ecuación la variable de que los resultados no siempre serán los esperados, una falla entonces no necesariamente implica un fracaso. Nuestro nivel de tolerancia ante lo que percibimos como un error o una falla, será determinante a la hora de emprender y re-emprender nuevos caminos hacia el éxito.

Para lograr movernos fuera del juego de inculpar, o sea movernos hacia la responsabilidad, podemos caminar ciertos pasos:

·        Primero es necesario reconocer y admitir la realidad completa de la situación frente a nosotros. Este es el paso más difícil, el primer reto, ya que reconocemos el valor que requiere hacer introspección y aceptar que siempre podemos hacer más para lograr los resultados deseados.

·        El segundo paso implica aceptar la responsabilidad por las experiencias y realidades que todos creamos para nosotros y para otros. Con este paso, se pavimenta el camino hacia la acción.

·        El tercer paso conlleva cambiar la realidad, encontrando soluciones a los problemas, evitando la trampa de caer “bajo la línea (hacia el fracaso)” cuando surgen los inevitables obstáculos. Este paso requiere buscar también como alternativa soluciones SIMPLES y prácticas.

·        Y por último, el paso de hacer, de accionar, que conlleva reunir el compromiso interno y el valor para completar las soluciones/acciones identificadas, aún si en el proceso se nos presentan obstáculos (esperados e inesperados).

Algunas maneras de demostrar consistentemente nuestra habilidad para lograr resultados:

·        Al llevar a cabo un proyecto, evitemos la práctica de hacer responsables a otros, no esperemos pasivamente, por suplidores, vendedores, colegas o supervisores, sino reconozcamos nuestra responsabilidad y busquemos hacernos parte de la agenda de la persona o entidad de la que necesito atención/servicio/producto/etc.

·       La comunicación es esencial.  Confirmemos las instrucciones recibidas, y documentemos bien los acuerdos.

·        Desarrollemos una actitud de pensar y decir constantemente: ¿Qué hay que hacer? ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo contribuir?

·        No seamos tímidos, es importante que hablemos, que expresemos nuestras ideas, todos somos valiosos.

·        Seamos cuidadosos con lo que decimos, practiquemos la asertividad, siempre siendo honestos como un principio no negociable.

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