Un paseo por Santurce… reflexionando sobre el cambio

Hace unos días me encontraba atendiendo unos asuntos en lo que para mí es uno de los lugares más pintorescos y bellos que tiene mi país, Santurce.  Recordaba, mientras transitaba la Parada 20, varios momentos significativos de mi niñez. Soy natural de Guaynabo, pero siento que también me crié en Santurce, pues allí residían mis abuelos maternos, con quienes pasé gran parte de mi vida mientras crecía.

Pasé precisamente frente a la que fue la casa de mis abuelos, buscando despertar algunos de mis recuerdos, bellos recuerdos. Reflexionaba, mirando a mi alrededor, me fijé en que habían algunas casas que permanecían intactas, por ejemplo la de mis abuelos (que por supuesto, ahora me parece algo más pequeña), la casa de una vecina que se llamaba Adela, también permanece igual. En el terreno de la primera casa que abuelo y abuela tuvieron allí, como a dos lotes de distancia, ya no hay casa, ahora es un estacionamiento, lo mismo ocurrió con la casa de otros vecinos de al frente. Por cierto, recuerdo los nombres de casi todos, wow! Doña Amelia, doña Carmen y don Paco (mis padrinos de bautismo), Amparo, Josefina, Doña Esmeralda, Sara y Wiso, Michelín, don Bartolo, Angelita; había un señor que pasaba por allí, le decían “Limber”y siempre saludaba a mami, gritaba desde la otra acera: “Milagritooooos”. Me sentía  tan segura allí. Caminaba junto con mis hermanos por todo aquello sin temor, íbamos a;  ‘el colmado’, a “casa de Guango”, a la farmacia San Rafael, ¡A comprar dulces!, allí nos atendía Virgina, siempre sonriente y, amable. La farmacia no solo está intacta sino que ha sido renovada. Mientras observaba …. reflexionaba: Todo esto me hablaba de cómo la vida cambia, de cómo ocurren los procesos evolutivos,  y como estos no son iguales para todos en un mismo lugar, todos cambiamos, pero no cambiamos de la misma forma, ni a la misma vez, y los cambios internos pueden o no ser evidentes en lo externo. Hay cosas en nosotros que se sostienen y mejoran a través del tiempo, mientras otras desaparecen o pasan a otro plano u otra dimensión.  Las cosas en nuestro entorno pueden mejorar o deteriorarse, no siempre tenemos control o injerencia en los cambios que ocurren a nuestro alrededor o incluso de los cambios en nuestras circunstancias personales. Pienso que todo esto nos recuerda que necesitamos entonces mantener una visión optimista y realista de lo que son los procesos de la vida. 

La farmacia remodelada me dice que algunos procesos nos llevan a cambiar, evolucionar o crecer donde mismo nos encontramos, independientemente de lo que esté ocurriendo a nuestro alrededor. Veo una antigua estructura totalmente rejuvenecida, cumpliendo todavía el mismo propósito que tenía cuando yo era niña. Percibo esto como algo real y tangible que también es aplicable a mi vida. ¿Estoy en un tiempo de cambiar totalmente mi propósito? ¿de dejar ir una estructura para convertirme en un espacio disponible? o ¿me toca crecer donde he sido plantada, darle vida nueva al mismo propósito que antes tuve?

Pueden haber alrededor de nosotros unos procesos de cambios, algunos aparentemente encaminados hacia un deterioro, pero si miramos bien, también veremos ‘un renacer’. Si nos detenemos a observar, en el contexto socio-económico,  han habido diferentes lugares u organizaciones que han desaparecido, y muchos de ellos han dado paso a algo nuevo. Algunos de nosotros hemos trabajado en lugares de empleo que desaparecieron, que cerraron y  cuya estructura pasó por un proceso de deterioro, y quizás luego la vimos renacer como algo nuevo y diferente.

Viene a mi memoria el cierre de la planta de manufactura donde conocí a mi esposo (en Cayey, Puerto Rico), proceso que a mí me llevó a tocar puertas en uno de los lugares más maravillosos en los que he trabajado en mi vida y, a mi esposo lo movió hacia un redescubrimiento de su propósito de vida (en ese entonces era especialista de Ambiente, Salud y Seguridad, hoy día es un maestro apasionado por su trabajo).

Dentro de un entorno, lugar o comunidad, podemos permanecer como la farmacia, si ese es nuestro llamado o propósito, permanecer, si ese es el proceso que nos toca.  No porque mi entorno haya cambiado o se haya deteriorado, me tiene que ocurrir lo mismo a mí.  A veces es necesario moverme y a veces, quedarme. Poder discernir es importante, para no sentirnos víctimas de lo que entendemos son circunstancias adversas. ¿Cuánta gente no ha descubierto su propósito precisamente en medio de circunstancias adversas? Algunos procesos, nos sacuden, nos quebrantan, para dar paso a el nuevo camino en el que vamos a transitar.

Lo que con frecuencia nos ocurre, es que la incertidumbre ante el cambio trae consigo una sensación de temor por lo desconocido. Y es normal, nuestro diseño incluye mecanismos de auto-protección. Lo que no sería saludable, es permitir que ese temor nos detenga, nos paralice, o que tomemos nuestras decisiones en función de este.

Es mi deseo que encaminemos con entusiasmo y fe cada etapa de la vida como un nuevo proyecto, cuyo propósito final no es otro que fomentar nuestro proceso de mejoramiento continuo.

El cambio es inevitable, la actitud con la que lo enfrentamos le da forma a nuestros resultados y a la sensación de paz y bienestar que merecemos experimentar.

 

 

 

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