Soñar, no cuesta nada… lo que cuesta (y caro! creo yo) es dejar de soñar…

Esto fue originalmente escrito en 2012 (modificado en 2018)…

Es mi opinión que lo que nos mantiene vivos y motivados es soñar, el tener una visión, unas metas, y planes para verlas materializadas… Pensaba hoy en algunas de las mías (las edades me recuerdan que no hay tal cosa como una edad definida para lograr x ó y cosa): A los 17 me gradué de la escuela superior, a los 24 fuí ingeniera, a los 24, me fuí a trabajar a EU y a los 24 regresé (jaja!); a los 24 compré mi primera propiedad, a los 28, me certifiqué como ‘trainer’, a los 30, me certifiqué como “Black Belt” (no en karate! sino en Six Sigma), a los 31 realicé varios talleres y procesos de transformación, liderazgo y mejoramiento personal, a los 32 estudié y me certifiqué en el campo de Recursos Humanos (loved it!), a los 34, me reconcilié con el Señor (¡la mejor meta lograda! y no creo haya otra que la supere, bueno sí… cuando LO VEA DE FRENTE), a los 35 me casé con el amor de mi vida, terminé de tomar cursos de Discipulado y me bauticé junto con mi esposo, a los 36 tomé cursos de Project Management, Calidad, Consejería.   A esa misma edad (que fue cuando escribí esto) decía que tenía como metas: tener nuestra casa (la tenemos y donde queríamos, gracias a Dios), tener dos perros (¡Tengo cuatro!), ser madre (‘coming soon’, si Dios quiere…), emprender (me lancé también) y algún día ser alguien que escriba de manera profesional (esa también llegará). A los 37 hice mi maestría en Gerencia, creo que fue a los 38 que comencé este blog. A los 40 llegó mi perrita número 3 y a los 41, la número 4. Estoy como quien dice en la mitad de la vida, y ¡Siento que me queda tanto por hacer!

Ahora voy con la parte NO GLAMOROSA de MIS METAS. Abro mi corazón, por si en algo te ayuda, para decirte que aunque a veces las metas NO las logramos como lo planificamos, cada cosa que ha ocurrido en nuestra vida y el tiempo en el que ha ocurrido, tiene un propósito.

Lo que yo quería: Graduarme a los 22 de ingeniería (esto no se dio así), terminar la maestría a los 24 (esto no se dio así), casarme a los 23 (esto no se dio así, de hecho, a esa edad estaba divorciada), ser ‘room mate’ de una de mis mejores amigas hasta justo antes casarme (esto no se dio así), ser madre a los 26 (esto no se dio así), tener una casa a los 28 y saldarla a los 58 (esto todavía no sé como va a darse), que mis padres vivieran hasta ser ancianitos y vieran a sus nietos (esto no se dio así, tengo a mami, pero papi partió con el Señor hace 11 años), que mis hermanos y yo viviéramos todos bien cerca (esto no se dió así, tengo dos que ‘se fugaron’ a EU y… ahora tengo uno en España); Creo que estuve en el gimnasio a los 23, a los 30, a los 34, y la meta, ¡todavía no la he logrado! Pero, pa’ lante! (queda trabajo por hacer, lo reconozco…) etc, etc, etc. Y en medio de las que logré (arriba escritas), pasé por muchos momentos de alegría, pero también hubo muchos de dolor, los que me conocen… los conocen. Todos, tenemos una historia.

Tu vida y la mía, quizás han sido diferentes, eso no es lo importante, todos tenemos un camino por recorrer. TODO ocurre en el tiempo de Dios (Su Palabra lo dice, que en Sus Manos están nuestros tiempos). No te compares con tu vecino, amigo, tus padres, tus hermanos. Que tu estándar sea Jesús, querer imitarlo a El. Lo demás, es simplemente lo que vamos haciendo, cada uno a su paso, en su proceso, para acercarnos más a El.

¿Mi éxito? yo no lo quiero medir como lo mide el mundo; si mis experiencias como quiera que se hayan dado, me trajeron a El ¡Gloria a Dios! Las cosas se dieron diferentes en algunos sentidos, pero si lo miro, si me enfoco en lo valioso ¿qué tengo hoy? Un matrimonio sólido, un niño que no es mi hijo biológico, pero que bendice mi vida de mil maneras, una familia hermosa, maravillosa, unos hermanos que son mis mejores amigos, una madre que es el mejor modelo de madre que Dios pudo regalarme, un padre (en el cielo) que me dejó como herencia nada más y nada menos que ¡Una Biblia!, una familia extendida que es soporte, que es amor, unos amigos y amigas FIELES, que me dicen lo bueno y lo no tan bueno.  El haberme atrevido a emprender y dar rienda suelta a una creatividad que tenía escondida.  Sobretodo, siento que tengo una relación cada vez más cercana con Dios y los seres a quienes amo y Dios es Su infinito amor, sigue regalándome relaciones con personas que me invitan a ser mejor cada vez. No compito con nadie, solo anhelo ser cada vez, una mejor versión de mi misma.

¿Qué me llevo? He logrado todo lo que he querido (aunque no siempre CUANDO he querido), vivo en paz, y he aprendido a honrar primero a Dios, luego a mí misma y mis valores. No vivo para complacer a nadie, sino que fluyo en autenticidad, sabiendo que no todo el mundo estará ‘de mi lado’. Sé que tengo la capacidad para reinventarme, la valentía para lanzarme, el amor para sanarme y la pasión para vivir cada día agradecida y feliz.

¡Y, me queda MUCHO por caminar! ¡De Su mano!

 

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