Nuestro Trabajo…

Si estoy agradecida de mi trabajo, puedo decir que estoy agradecida de mi vida…

Si escojo contribuir y ser apoyo en lugar de enfocarme en aquello que percibo como negativo… lograré sentirme satisfecha con lo que hago día a día.

Si veo a mis compañeros de trabajo como mi familia extendida y les doy mi confianza, tendré siempre relaciones positivas en mi ambiente laboral; después de todo, estamos juntos la mayor parte de nuestro tiempo.

Si veo a mis superiores como iguales, me sentiré en la confianza para dialogar abiertamente con ellos, logrando establecer una comunicación saludable a todos los niveles. Después de todo, más allá de títulos profesionales o de la experiencia que tengamos, en esencia, en lo profundo de nuestro ser, todos somos iguales…

Si en lugar de pensar ¿qué puedo obtener? pienso: ¿Cómo puedo contribuir?, entra en efecto la ley del dar. Esta es: Cuando damos sin miedo, y sin esperar nada a cambio, la satisfacción es absoluta. Después de todo, ¿Habrá algo mejor que la recompensa personal que obtenemos al haber completado exitosamente una labor? ¿Habrá mayor felicidad que sentirnos contentos con lo que realizamos día a día?

La mejora continua tiene mucho más que ver con nosotros mismos, el recurso humano, que con las máquinas o los procesos que manejamos. Mantengámonos persiguiendo la excelencia, mejorándonos continuamente, no sólo a nuestros procesos, sino a nosotros como personas. Cada día al levantarte pregúntate: ¿Qué puedo hacer hoy mejor?

Vive tu vida como si cada día fuese el último, agradece a Dios por todo lo que tienes, recordando la bendición que es tener tu empresa o tu empleo, pon tu corazón en lo que haces a diario, y alcanzarás la mayor recompense, que no es otra cosa que vivir en paz cada instante de tu vida.

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