Logrando Resultados a Través de la Responsabilidad Individual y Organizacional

Podemos decir que un reto al que se enfrentan las organizaciones en general es la habilidad para mantener los cambios o mejoras una vez que estos han sido implementados. Posiblemente hemos visto una diversidad de iniciativas en progreso: ideas, proyectos, entre otros, en los cuales invertimos mucho de nuestros recursos, esfuerzo, energías y luego vemos cómo alguno de estos, a largo plazo, no se sostiene. Si lo pensamos bien, esto puede ser aplicable tanto a nuestro entorno laboral como al personal.

Conviene tomar en cuenta el hecho de que es importante otorgar la prioridad necesaria a lo que se quiere implementar y, en algunos casos, una propuesta, luego de que se haya invertido algún esfuerzo, podría muy bien ser considerada no viable. Habiendo analizado esto, (para lo cual se realizan ejercicios estratégicos donde se traen a consideración la diversidad de áreas que conforman la operación, así como otros factores que se estimen críticos tales como: competitividad, seguridad, calidad, costo de inversión, retorno de inversión, etc.), podemos decir que una vez hayamos tomado la decisión de proceder con una mejora o un proyecto, y se implemente, es importante que se cree la base, la estructura que asegure su sostenimiento en el largo plazo.

Un elemento clave a tener presente si queremos contribuir a sostener lo que se ha implementado, es el concepto de responsabilidad. La responsabilidad puede ser catalogada de dos maneras: la individual y la colectiva. La primera es aquella que sabemos que es ineludiblemente nuestra y la otra, la que pertenece a un grupo sea familiar, organizacional o social y que no es otra cosa que la suma de las individuales.

En una experiencia de trabajo anterior- de una excelente mentora- aprendí varios elementos; hoy quiero transmitir un poco de aquella información que para mí fue tan valiosa. Se trata de cómo podemos alcanzar y mantener los resultados a través de la aceptación de la responsabilidad, apoyada por un sentido de urgencia, la simplicidad de los procesos y una conciencia de servicio.

Decía mi mentora que “aun cuando hayamos definido iniciativas, proyectos, filosofías, etc. para apoyarnos a llegar a alcanzar nuestra visión organizacional, es importante ocuparnos de que lo que se implemente no sea visto como “el sabor del mes” o “el último invento”, sino como parte de una estrategia, algo que se está implementando partiendo de una visión clara. Para lograr mantener a largo plazo los resultados alcanzados es vital el albergar dentro de nosotros un profundo sentido de responsabilidad interna (“accountability”) por los resultados. Independientemente de todos los esfuerzos que establezcamos para alcanzar eficiencias, o de la estructura organizacional, de la definición de nuestros procesos y de cuan completas o complejas sean nuestras estrategias, no tendremos éxito si no asumimos responsabilidad y si no nos hacemos dueños, para alcanzar y mantener los resultados esperados.

Un término interesante que mencioné antes, y que se usa comúnmente en inglés es “Accountability” y ¿Qué es accountability?  Puede definirse como una elección personal para sobrepasar cualquier circunstancia y llevar a cabo todo lo necesario para alcanzar los resultados deseados: en otras palabras, la persona que tiene la obligación de responder es la persona que ve una situación, se adueña de ésta y no abandona ‘la misión’ hasta lograr su objetivo.  Esto lo hace aquel que no presta atención a las distracciones que – a nuestros ojos- nos impiden alcanzar los resultados.  Dicho de otro modo: es el poder de superar las circunstancias y lograr lo que queremos, es algo que simplemente reside dentro de nosotros.  Esto aplica también a nuestra vida personal. Las personas que se sienten responsables por algo o por alguien, demuestran sentido de urgencia, y buscan hacer todo más simple. ¡El norte es el servicio!

 

 

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos experimentado lo que es realmente querer algo y no detenernos hasta lograrlo; de eso se trata, de fijar claramente la intención, manteniendo el enfoque en lo que deseamos ver manifestado y no desistir hasta haberlo concretado, sin importar las situaciones no planificadas o las circunstancias que puedan presentarse. Todo esto puede sonar muy abstracto, sin embargo, tiene aplicación práctica de diversas maneras. Un ejemplo muy sencillo sería que, a través de un llamado a nuestra conciencia con respecto a los altos costos de energía eléctrica y a la crisis que ha enfrentado y enfrenta nuestro país con relación al servicio de energía eléctrica , hagamos uso de nuestra conciencia en el lugar de trabajo, así como en nuestro hogar y no mantengamos encendidas luces de manera innecesaria. De igual manera, aplica a cualquier situación que amerite que veamos nuestro lugar de trabajo como lo que es, un segundo hogar, y tengamos conciencia no solo de contribuir a reducir gastos innecesarios, sino también, a llevar relaciones saludables con nuestros compañeros y fomentar un ambiente de respeto y de paz, tener iniciativa para identificar y atender (o sugerir proyectos que atiendan) oportunidades de mejora que sean evidentes para nosotros. Cada uno de nosotros es un líder y tiene por lo tanto, un llamado y, la responsabilidad de ser agente de cambio positivo en nuestro entorno.

 Nos invito a reflexionar sobre cuán responsable nos sentimos -individual y colectivamente- por el éxito de cada iniciativa y proyecto emprendido en nuestro lugar de trabajo.

 Dios nos bendiga.

 

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