Lo que los temblores derrumban…

La mente es la cuna de nuestras acciones (todo lo que hacemos -o no hacemos- empieza en nuestros pensamientos). Trabajar de manera intencionada con la manera en la que pensamos y como miramos desde una perspectiva diferente lo que nos ocurre, incide en nuestra sensación de bienestar y calidad de vida.
Algo con lo que, en estos días, yo, igual que muchas personas a las que conozco, he luchado, es la incertidumbre.

He reflexionado en estos días en el asunto de la incertidumbre, como un aspecto ineludible de nuestra realidad humana.


Yo pienso que la naturaleza de muchas cosas es dual. La incertidumbre no es la excepción. La incertidumbre puede traer consigo dos cosas: desasosiego, pero también es precursor de ilusión. Lo que no conocemos, es lo que nos espera por conocer, lo que no sabemos es lo que nos espera por aprender, lo que no hemos vivido es lo que nos espera por vivir…
Nuestra sociedad moderna, de manera más evidente en occidente, promueve la idea de que es posible mantenerlo todo bajo control. Se nos exhorta a la búsqueda de soluciones rápidas. Lo real es que, nos guste o no, no tenemos la certeza de casi nada.

A manera de redirigir nuestros pensamientos, creo que entre todos los matices de aprendizaje que nos trae esta nueva experiencia de vida, uno de ellos es a fortalecer nuestra tolerancia, o nuestra capacidad de templanza ante la falta de certezas y de soluciones inmediatas.

Dos palabras vienen a mi mente en este tiempo en que hemos sufrido varios sismos, unos muy destructivos en nuestra amada isla, Puerto Rico: una es solidaridad, que es lo que más se ha visto a través de estos días y sensibilidad, el chocar, el encontrarnos frente a frente con nuestra fragilidad y vulnerabilidad, nos une, nos recuerda nuestra igualdad de una manera muy real y tangible y nos ayuda a derribar barreras impuestas o autoimpuestas. Aquello que antes sonaba utópico y que Fiel a La Vega plasmó en canción, hoy se hace real para nosotros:

“Las diferencias entre tú y yo
Son tan evidentes en papel
Pero el hambre, el amor, la fé y la sed
Siempre nos va a reconocer”

Hemos podido recordar nuestra esencia, y redescubrir que sin el caparazón que nos vamos construyendo a nuestro alrededor, somos exactamente iguales. Pienso que este terremoto que vino y muy tristemente derrumbó estructuras también ha venido a empezar a derrumbar estas barreras que nos separan, ha venido a ofrecernos otra oportunidad para sentir empatía y amor por quienes nos rodean.

En la Palabra de Dios hay muchas recetas para nuestra salud física, espiritual y mental. Hoy les comparto una de las recetas para la paz que mejor me funciona, está en el libro de Filipenses y dice así:

“No se preocupen por nada, en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y mente mientras vivan en Cristo Jesús”.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *