La distancia: ¿Un nuevo lenguaje de amor?

 

Hoy, solo hoy, en este instante, solo en este instante, me siento como suspendida, como en una pausa, ¿una pausa que no busqué? no lo creo, la anhelaba, la deseaba. Antes de este cambio mundial, me sentía como cuando era niña e iba en una bicicleta, bajando una cuesta empinada y me quedaba sin frenos. Sabía que solo era cuestión de tiempo para que llegara un ‘aterrizaje’ forzoso y muy doloroso. Cada mañana como un robot, la misma rutina, los mismos pasos, la misma ruta, la misma congestión vehicular, sentía pena por mí y por los que hacían esta fila sin sentido cada mañana y cada tarde. Estar atorada en el tráfico por mucho tiempo puede ser perjudicial, para la salud física y mental. Se tiene mucho tiempo para pensar, en mi caso, la mayoría de los días los invertía escuchando algún libro, podcast,  o música que cantaba y hasta bailaba (sí,soy de esas locas en “el tapón”),  pero hubo días en que me preguntaba ¿qué hago aquí? ¿Qué hacemos aquí? ¿Esto es normal? ¿Para esto fui creada? ¿Qué estoy haciendo con los fragmentos de vida que tengo en las manos? y durante muchos días pensaba: ¿Cómo detengo esta locura, este sin sentido de estar sentada en una caja con ruedas por 3-4 horas cada día? Todo para llegar al lugar de trabajo, que si bien no es perfecto, se acerca mucho a lo que siento es mi propósito de vida: la educación, “acompañar a los jóvenes” leí hace poco como una misión espiritual, una que por cierto, me trae mucha felicidad. Y pues, deseé tanto “parar” que se me dio, no me detuve yo, sino circunstancias externas y totalmente fuera de mi control.

Pero como todo en la vida, hay dos caras en cada moneda y este ALTO, que tanto había deseado, viene acompañado de otros retos. El más significativo para mí, siendo el contacto físico mi lenguaje de amor, es estar tan distante y contemplar la posibilidad de que quizás al mundo que salgamos luego de este período de aislamiento no sea igual al que conocimos antes. En muchos sentidos, confío en que sea para bien, pero mucho me temo que habrá que reescribir algunos libros, sobre todos el del Dr. Chapman (Los Cinco Lenguajes del Amor), que tanto me gusta, para incluir el no acercarse y no tocar como un lenguaje de amor. Hay personas que ya hubiesen plasmado esto como el 6to lenguaje de amor hace mucho tiempo, pero para mí resulta impensable vivir en un mundo sin calor humano, en un mundo donde ahora el abrazo será la excepción y no la regla, un lugar donde antes de sostener la mano de quien llora, habrá que pedirle permiso. Antes de tocar el hombro para dar ánimo, habrá que considerar el  mantener las manos para uno mismo. Ahora se hace real aquella expresión que dice: “hay amores que matan”.

¿Será que ahora este lenguaje, antes tan común entre nosotros los latinos y más común aun para personas extrovertidas, sanguíneas, afectivas, expresivas y cariñosas como yo, posiblemente se irá haciendo obsoleto o muy exclusivo? ¿Estará reservado solo para aquellos por quienes daríamos la vida, si tuviésemos que hacerlo? A fin de cuentas, ¿No es eso mismo lo que está en juego con la cercanía en este tiempo? ¿La vida misma, la salud?

¿Abrazar o no abrazar? ¿Tocar o no tocar? ¿Acercarme o no? Estas son las nuevas preguntas…

Una parte, esa parte idealista y soñadora de mí lo que anhela es que, seamos extrovertidos o introvertidos, al salir del aislamiento seamos mejores personas, que aprendamos a cohabitar con otros seres de maneras amables, saludables, sostenibles, respetuosas y que, el habernos privado por todo este tiempo (y el que falta) del abrazo, lo convierta en algo indispensable cuando nos reencontremos.  Que el abrazo nos resulte como el agua, tan esencial, que no podamos vivir sin él. Que hacerlo un recurso escaso, lo convierta en un recurso valioso, imprescindible. Que el primer abrazo que demos cuando termine la pandemia sea fuerte, sentido, y genuino, Por ahora…envío un abrazo virtual, a quien me lea.

 

 

 

 

 

 

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