El amor propio y su impacto en nuestras decisiones

Yo creo primero que todo en Dios, en que hay un creador, un Padre, que nos puso aquí por amor y que anhela con todo su corazón atraernos hacia El.

Digo esto porque no quiero que nada de lo que diga se interprete como que defiendo la creencia del ‘yo soy, yo todo lo puedo’. Pues yo todo lo puedo, pero en “CRISTO QUE ME FORTALECE”. (Filipenses 4:13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece).

Ahora bien…

A veces pienso que –como creyentes- quizás podemos tocar con mayor frecuencia y profundidad el tema del amor a nosotros mismos; comúnmente nos enfocamos más en cómo expresamos nuestro amor al prójimo. El mismo Jesús me dijo que ‘ame a mi prójimo como a mi mismo’. Así que ahí está contemplado el hecho de que necesito amarme para poder amar a otros. No puedo dar lo que no tengo.  Frecuentemente se menciona el versículo de ama a tu prójimo como a ti mismo para hacer énfasis en amar al prójimo, pero no hablamos con detalles de la importancia de amarme yo, de verme, de reconocerme como una hija de Dios. Hablamos de como tratar a nuestros esposos, hijos, compañeros de trabajo, etc. pero no es frecuente escuchar la conversación sobre cómo tratarnos a nosotros mismos. Hablamos de ser misericordiosos con el prójimo pero no con nosotros mismos. Si yo tengo la capacidad de perdonar a mi hermano por sus faltas, también debo ser capaz de perdonarme  o de recibir el perdón, de creerme que ya he sido perdonada. Si vivo desde la culpa por lo que hice, por lo que pasó… no seré capaz de tener relaciones saludables.  No me sentiré merecedora de ellas y de manera subconsciente comenzaré un proceso de auto-sabotaje.
Pienso que la raíz de muchos males está- no sólo en el orgullo- sino también en la falta de amor propio.  Cualquier extremo es malo, bien sea que estoy con frecuencia en el extremo donde me creo superior a otros o al otro lado, donde constantemente me siento inferior, insignificante, incapaz. Cuando no me amo, no me valoro y no me respeto, tomo decisiones que van en detrimento mío y por lo tanto, de los seres que me rodean. No hablo de “ser adorador” de sí mismo. Sino de reconocerse como un hijo de Dios, coheredero junto con aquellos que son mis hermanos …
Si no me amo, menosprecio mis dones y me creo incapaz, no utilizaré mis talentos, no iré en pos del llamado de Dios. Privaré a los demás de lo que puedo darles, decirles o, contribuir a sus vidas.   No creo que el amor propio resulte en nada negativo, el amor no puede ser malo en ningún sentido. Lo que sí desencadena en amarguras es toda acción que nace del egoísmo. El amor propio no es altivez, la altivez hace que quiera auto-justificarme, creerme como Dios. El amor propio nace al mirarme en el espejo de Su amor, del amor de  quién me justificó, y en desear ser misericordiosa conmigo como El lo fue, como El lo es…

Hace poco mientras dormía, por alguna razón que no pretendo explicar, me despertó este pensamiento: “Seguimos cayendo en el pecado porque hay un proceso de sanidad interior que no se ha dado”. Así que pienso que si esto es cierto, nuestro interior (emocional) está ligado a como respondemos a nuestra experiencia espiritual e incluso directamente relacionado con las decisiones que tomo para preservar la salvación que por Gracia me ha sido dada.

Hay decisiones que para tomarlas- o ser firmes en ella – conllevarán el que persigamos un proceso de sanidad interior, que esta muy relacionado con ese amor propio.  Por ejemplo: la elección que hago de la persona con la que compartiré mi vida, ¿Voy a casarme con el que me insulta y me maltrata? ¿Con el que no quiere saber de Dios? O ¿Voy a compartir mi vida con quien me ama, me valora, me cuida me respeta? ¿Con quién espiritualmente puede edificarme? Las actividades a las que dedicaré mi tiempo, los libros que voy a leer, las películas que voy a ver, la música que voy a escuchar, todo lo que voy a permitir que entre a mi cuerpo/templo definitivamente va a estar relacionado con dónde está mi autoestima y cuánto valoro lo que Dios en Su amor hizo por mí.

Sí, creo que mi identidad debe estar cimentada en la creencia de que soy una hija amada de Dios, redimida y justificada por Cristo, pero eso si lo dejo en la teoría y no lo llevo a la práctica con mis elecciones diarias, de nada me servirá.

Mi bienestar está directamente relacionado con la manera en que me relaciono con Dios, conmigo mismo y con los demás. El amor propio es la base de mi auto-proyección, de lo que permito que entre en mi vida y de lo que decido que permanezca en ella. Si mi auto-estima está en el lugar correcto, mis experiencias de vida serán un reflejo de ello.

El principio del amor propio tiene su base en amar a Dios de manera prioritaria. Es en el deseo de conocerle y conocer su naturaleza que empiezas amarte de manera balanceada y a amar correctamente a otros.  Para mí es esencial tener como parámetro de referencia el amor de Dios. Por eso Pablo le dice a Timoteo:

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.  Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,  sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,  traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,  que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”. (2 TIMOTEO 3:1-5 RVR60)

Breve reflexión:

Si digo “me amo” estoy diciendo algo, si digo: ” me amo porque me reconozco como una hija amada de Dios y hallé mi identidad en Cristo Jesús”,  lo estoy diciendo todo.
¿Cómo hago real ese amor? Cuando me demuestro amor a mí  misma y a los demás, pensando y actuando conforme a Su Palabra.

Cierro este tema con mi escrito favorito sobre el amor:

Corintios 13 (NVI)

Si hablo en *lenguas *humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los *misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso.
El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; 10 pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. 12 Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido.
13 Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.

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