Cuatro Acuerdos, aplicación al entorno laboral

Igual que una maquinaria o motor depende de unos elementos esenciales para su buen funcionamiento, un equipo de trabajo tiene como elemento central las relaciones interpersonales. A veces, nos enfocamos más en los detalles técnicos u operacionales y el cómo nos relacionamos, nos pudiera llegar a parecer un tema secundario en el entorno laboral, sin embargo, este es un asunto medular. Las relaciones con nuestros compañeros de trabajo inciden no solo en nuestra paz, salud y bienestar general, sino que también tienen un efecto significativo en nuestro nivel de productividad y en la calidad del trabajo que realizamos.

Para ayudarnos a trabajar con la manera en que nos relacionamos, hay muchas herramientas, una de ellas, muy valiosa y práctica, nace en un libro titulado Los Cuatro Acuerdos, escrito por Don Miguel Ruiz.

A través de este artículo compartiremos un breve resumen de lo que significa cada uno de ellos, con la esperanza de que nos sirva de ‘refrigerio’ y que nos ayude a mejorar o mantener siempre saludable la manera en que nos relacionamos y trabajamos juntos:

  • El primer acuerdo es: sé impecable con tu palabra

 Nos recuerda la importancia de escoger con sumo cuidado nuestras palabras, las que decimos a los demás y las que me digo yo mismo.

La palabra es fuente de vida o de destrucción, definitivamente quiero ser impecable al usar las mías.

Dice La Palabra de DIOS:

No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo.

Que todo lo que digan sea bueno y útil,

a fin de que sus palabras resulten de estímulo

para quienes las oigan.

Efesios 4:29 NTV

   La lengua puede traer vida o muerte;
los que hablan mucho cosecharán las consecuencias.

Proverbios 18:21 NTV

Para resumir: Impecable, palabra compuesta:  Im (que significa sin) y Pecable, que tiene su origen en la palabra pecado, palabra comúnmente utilizada en el contexto de la fe, que a su vez tiene origen en la palabra del latín pecatus: entre sus muchas definiciones, se provee esta: lo que hago en contra de mí mismo o de otro.   De modo que Impecable es sin pecado.

  • El segundo acuerdo es: no te tomes nada personal, es el otro lado de la ecuación, no se trata aquí de las palabras o acciones que digo, sino cómo me tomo las palabras o las acciones que provienen de otros.  Si entendiéramos que cuando alguien nos insulta o trata de humillar, ello dice poco o nada sobre nosotros y sin embargo dice tanto sobre quien lo hace.

No tenemos control de lo que otro haga o diga, pero si tengo control de cómo ello puede   hacerme sentir. Claro que sí. Somos  libres y capaces de escoger en lo que enfocamos nuestro pensamiento.

Sobre nuestros pensamientos, dice La Biblia:

No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

Romanos 12:2 NTV

  • El tercer acuerdo es: no hagas suposiciones, creo que es mi favorito, resume tanto en tan poco, Qué muchas relaciones personales y laborales dañamos cuando en vez de ir a la fuente, a la persona que entendemos pudo habernos hecho sentir mal, nos ‘hacemos un cuento en nuestra cabeza’ de porque aquella persona hizo o dijo esto o aquello y damos paso a que siga creciendo una ‘raíz de amargura’ en nuestro interior. “No me saludó, debe ser porque ayer le dije algo que no le agradó, o porque no soy parte de su grupo”… cuando a veces la falta de saludo, corresponde a un mero descuido, a un acto involuntario, o a que la persona esté distraída, en sus pensamientos o preocupaciones, o pasando por alguna situación que no tiene que ver nada conmigo.
    • Algunos ejemplos aplicables a nuestro entorno:
      • Si alguien no ha evaluado un documento que le di, o no ha leído un mensaje que le envié puedo pensar: “ay, pues, es que no le importa”, en vez de tomar el teléfono y decir mira, “sobre aquello que te envié”. Quizás escucharíamos un ‘caramba, no lo había visto, o no había tenido el tiempo de revisarlo, disculpa, ahora mismo lo hago’.
      • Si una persona comenta que no está de acuerdo con algo que yo he dicho, no es correcto suponer que lo hace porque no le agrado.
      • Si alguien comete un error, no es bueno dar por sentado que fue adrede, o con alguna mala intención.

Nos sorprenderíamos de la cantidad de veces que la suposición que nos hicimos sobre el otro es desacertada.

Bajo este tercer acuerdo, me rehúso a darle una interpretación (sobre todo cuando esta es negativa) a los actos/palabras o la omisión de actos/palabras de otra persona.

Si tengo duda, pregunto. Si algo me ha levantado alguna incomodidad, lo comunico, abierta y transparentemente. No dejo que crezca en mi corazón la semilla de la amargura, cuyas raíces a veces permitimos que crezcan profundas.

Cuántos contratiempos nos evitaríamos si fuésemos directo a la persona que sentimos que nos ha fallado o nos ha lastimado o que no ha cumplido con nuestra expectativa, ¿para qué? Para “limpiar ese espacio” (¿Cómo? Usando el primer acuerdo: palabras amables y respetuosas, cuando digo con sinceridad – y en amor- lo que siento, estoy amando a mi prójimo y a la vez, a mí mismo). Un consejo no solicitado, pero siempre necesario es el recurrir a la oración como preámbulo al diálogo de ‘limpieza de espacio’ entre otra persona (u, otras personas) y yo. Segunda porción de la receta: humildad, es bueno señalar lo que nos afecta, pero es necesario abrir el espacio para reconocer que nosotros también hacemos ‘cosillas’ que le molestan a los demás (por algo nos habló Jesús sobre no mirar tanto la paja en el ojo ajeno, sin antes mirar la viga en el propio).

Uno de los peores problemas en el que nos hace caer la suposición y el ‘no ir a la fuente’, es la murmuración. Le digo a María lo que me molesta de Pedro, en vez de dialogarlo directamente con Pedro. Cuando hago eso, daño la imagen de Pedro, mi relación con él, y posiblemente la relación que puede haber entre María y Pedro. Yo siempre digo: “no quemes el puente, mejor ve a la fuente”.

Yo creo que todos en algún momento hemos cometido este error. Como una manera de autoevaluación, para determinar si estamos cayendo en esto, podemos usar una definición literaria de esta palabra (murmuración), que nos dice que es “la conversación en perjuicio de un ausente”.

  • Y, último, pero no menos importante, el cuarto acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas:

Este nos sirve para calibrarnos, autoevaluarnos.  Nuestras circunstancias no siempre son las mismas, por tanto, nuestro máximo esfuerzo, no siempre dará el mismo resultado. Como decimos: “Hay días y hay días… “

Esto, por otro lado, nos permite ser empáticos con el que- a nuestros ojos- por alguna razón en un momento dado, percibamos que está dando ‘menos’.  Alguien una vez me compartió sobre una compañera de trabajo que la estaba haciendo sentir sobrecargada al no cumplir a cabalidad con sus tareas o funciones. Días después, esta misma persona, me llamó para compartirme la enseñanza que había recibido: se había enterado de que esta compañera suya, tenía en su entorno familiar una serie de problemas severos que estaban reduciendo su capacidad de concentrarse y dedicar toda su energía a su trabajo. Con esto no se pretende justificar una dejadez o falta de compromiso, sino que nos ayuda a comprender situaciones por las que ciertamente, todos podemos pasar.

Creo que este último acuerdo es simplemente un compromiso personal (y en mi caso, con Dios), de hacer lo mejor posible, sin dejar de amarse y cuidarse y es a su vez. Y, un compromiso que hacemos con los demás para contribuir con TODO lo que nuestros recursos y circunstancias nos permitan.

Dice la Biblia:

Así que, sea que coman o beban o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios.

1 Corintios 10:31

Como vemos, estas son herramientas muy poderosas para transformar nuestra manera de pensar, de percibir nuestras experiencias de vida y, por lo tanto, cambiar para bien nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Espero que este conocimiento, les edifique. No comparto esto como alguien que domina estos asuntos, sino como alguien que, reconociendo su vulnerabilidad y debilidad humana, anhela a – junto con ustedes- seguir creciendo.

Dios les bendiga,

Milly

Fuente: Libro Los Cuatro Acuerdos, de: Miguel Ruiz

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