Pasamos la mayor parte del tiempo en nuestro lugar de trabajo. De ahí que sea de vital importancia que ese espacio, que es la fuente de nuestro sustento, sea uno saludable y que propicie el bienestar general.
Antes de adentrarnos en los temas, primeramente definiremos algunos términos importantes.
¿Qué es bienestar?
La revista Psychology Today lo define como la experimentación de salud, felicidad y prosperidad. Incluye tener buena salud mental, sentirse altamente satisfecho con la vida, tener un sentido de significado o propósito, y la capacidad para manejar el estrés. De forma más general, el bienestar es simplemente sentirse bien.
Yo,  suelo disfrutar de prácticas que se dice pueden estar dirigidas al bienestar (hacer pausas conscientes en la rutina diaria, tomar sol con moderación, ir a la playa, caminar en la naturaleza, hacer yoga, leer, escuchar música, meditar, mindfulness, respiración consciente, cultivar la espiritualidad, aprender cosas nuevas, compartir con familia y amistades, tener hobbies, entre otras). Me atrevo  entonces a definir bienestar como una sensación interior positiva, optimista y que nos permite reaccionar con aplomo, ecuanimidad y paz ante los eventos que se nos van presentando a través de la vida.
¿Qué es bienestar en el contexto organizacional?
El bienestar debe ser el Norte y a la vez la base de todo logro a nivel organizacional. Un equipo de trabajo cuyos miembros se sienten bien, felices, y entusiasmados, es un equipo que trabajará con un mayor sentido de compromiso, lealtad, enfocado en los resultados y por ende más productivo. Los resultados de un equipo que se comunica bien entre sí y que disfruta de lo que hace a diario, serán de mayor calidad que los de un equipo con problemas de comunicación o donde la gente en general no se siente bien.
Si fuésemos a definir pilares de bienestar organizacional, sería importante escuchar la voz de nuestros equipos de trabajo. Para cada persona puede  significar algo diferente, sin embargo, el resultado de escuchar y atender lo que para nuestra gente significa bienestar no tiene precio pero sí mucho valor.
Aún antes de hacer estos acercamientos, en toda organización, así como toda relación saludable, deben estar muy claramente definidos unos valores esenciales, entiéndase: aquellos comportamientos, prácticas, actitudes, maneras de comunicar que deben ser por acuerdo común usados como parámetros o guías en toda interacción. De manera general podemos decir que las personas sienten bienestar cuando son tratadas con respeto, consideración, cuando se les da oportunidades de crecimiento, cuando se les escucha y toma en cuenta, cuando se les da confianza, y espacio para crear.
Hace muchos años leí un libro que cambió mi manera de pensar y de relacionarme: Los Cinco Lenguajes del Amor del Dr. Gary Chapman. En este libro básicamente él expone que cada persona expresa el amor de una manera en particular y de esa misma manera o en ese mismo ‘idioma’ (o lenguaje de amor) es que se siente amado/a o valorado/a.  Para algunas personas es esencial demostrar amor o aprecio ofreciendo su presencia, ese lenguaje se conoce como tiempo de calidad, para otras resulta importante expresarlo con abrazos u otras expresiones de afecto físico, mientras que otras lo demuestran con detalles o regalos, y otras tantas a través de los actos de servicio, como cocinar algo, o ayudar al otro/a con alguna tarea.
Posteriormente, este autor escribió otro libro para aplicar el mismo principio pero al entorno laboral e invitaba a los supervisores y supervisoras a hacer inventario de lo que al personal a su cargo le hacía sentirse apreciado/a, valorado/a.  Con esto dicho, es importante recordar que cada individuo tiene unas necesidades únicas, y que para que el colectivo o la organización experimente bienestar, el secreto está en cómo se siente cada persona. Por ello, las estrategias deben ir dirigidas hacia el trato que honra la individualidad y la contribución de cada ser en un marco respetuoso y afable, sin que por ello se deje de exhibir firmeza o disciplina en los momentos en que esto se hace necesario.
Bienestar, la palabra en sí misma es bonita, decirla produce paz, la Revista Empresarial y Laboral define el concepto de la siguiente manera:
«El bienestar organizacional es la decisión comprometida de las máximas autoridades de una compañía para generar un contexto de trabajo sano, consistente y, sobre todo, habitable para cada colaborador.»
Vemos entonces que en gran medida, este bienestar es responsabilidad medular de las personas que tienen el privilegio de ser reconocidos/as como líderes dentro de una organización. Esto no hace menos cierto que la búsqueda del bienestar también es una decisión personal e individual y que no debemos depender únicamente de factores externos para poderlo experimentar. Reconozco que mi bienestar personal depende mayormente de mí, de las acciones que tomo diariamente, los libros que leo, las conversaciones de las que participo, los alimentos que escojo para nutrir mi cuerpo, los hábitos que adopto, entre muchos otros elementos que yo tengo total libertad para escoger.
El Coaching es una de las herramientas que se utiliza en los entornos laborales para crear espacios de bienestar.  Pero ¿Qué es coaching?
Varias organizaciones se han dado a la tarea de definir o explicar lo que es la práctica del Coaching, veamos:
ICF, la entidad que rige el Coaching como profesión que se adhiere a principios éticos, nos otorga la siguiente definición:

“El coaching profesional se fundamenta en una asociación con clientes en un proceso de acompañamiento reflexivo y creativo que les inspira a maximizar su potencial personal y profesional.”

Beatriz García Ricondo (Crearte Coaching) nos presenta la siguiente definición:
“Coaching es un proceso de acompañamiento reflexivo y creativo, a través del cual un profesional debidamente capacitado, acompaña a sus clientes a conseguir sus objetivos. El coach les inspira a maximizar su potencial personal y profesional, de un modo no directivo”.
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Estoy certificada como coach profesional por ICIPR y antes de ser coach, fui una coachee, de hecho el ver mis resultados fue precisamente lo que me impulsó a querer capacitarme para poder acompañar a otros/as a lograr sus metas, a romper paradigmas, a descubrir o reencontrarse con sus fortalezas, a identificar y dejar atrás creencias limitantes, hacer cambios de mindset, adoptar nuevos hábitos, decidir enfrentar temores y trascender barreras auto impuestas, entre tantas otras bondades.
Desde mi experiencia, te contaré sobre lo que ha sido y es para mí esto que he adoptado incluso como filosofía de vida, el coaching.
Lo primero que quiero compartir es que cuando- como coachees– recibimos el servicio, sentimos que ocurre una especie de magia y que esa persona frente a nosotras es como un puente que nos ayuda a llegar de donde estamos a donde queremos estar. A través del proceso de coaching  que suele darse a través de una serie de sesiones de conversación entre coach y coachee, el coach diseña y suple un espacio seguro y confidencial, alegre, optimista, libre de prejuicios, el coachee experimentará lo que para mí fueron una lluvia de milagros, uno tras el otro. Mi vida es una antes y otra después del coaching. Te diré también sin temor a equivocarme que las competencias que se aprenden al formarse como coach, indudablemente proveen mayor calidad de vida, abonan a la construcción de relaciones y entornos saludables e inevitablemente redundan en ese deseo que hoy nos ocupa, nuestro bienestar y el de quienes nos rodean.
¿Cómo puede el coaching ayudarnos a obtener y mantener el bienestar?
El coaching tiene su cimiento en una serie de competencias que el coach aprende y practica con varios fines estratégicos: crear un espacio psicológicamente seguro para el coachee, fomentar el silencio, la escucha y la reflexión para llevar al coachee a tener lo que llamamos su “aha moment”, que no es otra cosa que la llave a esa puerta que hasta el momento no había logrado abrir. Es más, posiblemente no había llegado todavía a encontrarse frente a esa puerta porque no tenía definida la ruta.
El coaching entonces, ya hemos dicho, es una profesión formal, es una práctica, es una caja de herramientas y es una filosofía de vida.
Entre las competencias de coaching se encuentra la presencia, ese concepto tan difícil de explicar pero fácil de aplicar. Mucho se habla en psicología y en algunas escuelas de espiritualidad sobre vivir a plenitud en el momento presente. El bienestar tiene su base o su origen en una vida que se vive prestando atención plena al momento presente. Reconociendo y agradeciendo cada instante de vida como lo que es, un regalo y un verdadero milagro.
Cuando nuestra atención plena está puesta en lo que estamos realizando, nuestro trabajo será uno de mayor calidad. Cuando nuestros sentidos están todos en la persona o el ser que está frente a nosotros, podemos experimentar el verdadero amor, la verdadera compasión, la empatía.
Esto nos lleva a ser más amorosas, apasionadas, productivas, sentir calma, paz y confianza. Todos, sentimientos positivos que sin duda son semillas para dar fruto la sensación de bienestar que todas anhelamos.
Habiendo dicho todo esto, ¿lanzamos el ancla hacia el mar del bienestar organizacional? te dejo con algunas preguntas para invitarte a reflexionar:  ¿Qué acciones puedes tomar hoy para generarte mayor bienestar? ¿Reconoces tu contribución al ambiente actual en el que vives y trabajas? ¿Qué prácticas deseas añadir a tu rutina diaria para sentirte bien contigo misma/o y con los/as demás? ¿Cómo puedes contribuir a construir un espacio de salud y bienestar en tu entorno laboral?
Fuentes de Información:

By Milly

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