¿Amor propio o egoísmo?

¿Amor propio o egoísmo? ¿Cómo reconocer la fina línea que hay entre ambos? Hoy reflexionaba en ciertas acciones o decisiones que he estado tomando y me preguntaba cómo identificar cuáles de ellas responden a o se basan en amor propio, y cuáles en egoísmo.

Buscaba dentro de mí (y sigo buscando) una respuesta para poder sentir total paz con las decisiones tomadas. Entre las que he ido “recibiendo” está : “escuchar” mi cuerpo, con esto me refiero a las sensaciones que este experimenta cuando tomo alguna decisión, ¿es paz? ¿es malestar? ¿me produce peso, me produce alivio?  Por lo general, las acciones cuyo cimiento es el amor, generan como resultado una sensación de paz y de bienestar versus aquellas cuya cuna es el miedo o el egoísmo, o cualquier emoción que esté asociada con la ausencia de amor, estas últimas producen sensación de incomodidad, de malestar. Es un tema de mucha complejidad porque estar incómodo puede tener muchas connotaciones, yo puedo estar incómoda hablando en público, pero estar llevando un mensaje que es valioso o importante, y entonces precisamente allí hay amor, una acción que me obliga (compels me), quizás suene más bonito decir,  me mueve o me impulsa a dar, a servir, a darme. Me incomoda pero es un acto de amor y contrario al egoísmo.

A la incomodidad a la que me refería primero es a la sensación de no sentir llenura, satisfacción, paz, y bienestar. Por lo general, la incomodidad producida por un acto de amor, de desapego del yo es temporera y luego se experimenta una sensación de alivio, llenura, gratitud y gozo. La otra incomodidad es aquella que no está relacionada con bienestar ni a corto ni a largo plazo, ocurre cuando dar, o ceder me hace sentir drenada/o, cansada/o, agotada/o, aplastada/o, abusada/o.

¿Fórmula secreta? No la hay, cada quien define y honra sus límites y cada quien establece parámetros de hasta donde me doy y hasta donde me estiro, teniendo cuidado de no romperme en el proceso. El amor empieza con el amor propio. No puedo dar lo que no tengo.

Un primer paso hacia esto sería cultivar una relación adecuada conmigo misma, una en la que me agrada compartir y me agrada también estar sola (o, conmigo, como quieras verlo), una relación donde en ocasiones permito que mi generosidad se desborde hasta quedar hambrienta y cansada, pero siempre regresando a buscar fuentes para abastecer mi necesidad de alimento, bien sea físico, espiritual, financiero, emocional, descanso, etc.

En una relación balanceada conmigo buscaría presupuestar tiempo para cuidar de mí, estableciendo acuerdos para tener espacios para hacer lo que disfruto, lo que me produce paz y bienestar,  a la vez que incluyo en ese presupuesto partidas de tiempo para dar, para trabajar, para ayudar.

Es un fino balance, y por imposible que parezca, recuperarlo o mantenerlo conlleva esfuerzo, auto-reflexión, re-diseño, re-planificación, paciencia y una dosis abundante de amor, sin olvidarme de reservar la que me toca darme a mí misma primero.

En lo que sea que estés haciendo con tu tiempo y tu vida, deseo encuentres plenitud, paz y gozo, sobretodo muchas cosas por las que estar agradecida/o y abundancia de recursos (emocionales, físicos, de tiempo, financeros, etc) para darte y para compartir.

¡Un abrazo!

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *